Nos hemos instalado en la era del gratis, pero todas las empresas tienen que tener ingresos directos o indirectos. Las redes sociales no son menos. Facebook, twitter o Google son empresas que ofrecen un servicio gratuito a ¿cambio de nada?

El 17 de marzo saltaba la noticia: “Una consultora que trabajó para Trump manipuló datos de 50 millones de usuarios de Facebook” o Cambridge Analitica (CA) logró robar datos a Facebook eran algunos de los titulares que venimos leyendo desde entonces, pero vayamos por partes.

¿Cómo se consiguieron los datos?

El psicólogo, el rusoamericano Aleksandr Kogan, desarrolló la app “thisisyourdigitallife” en la que 27.000 norteamericanos participaron cediendo los permisos de manera voluntaria a dicha aplicación. Así de los perfiles recabaron la identidad, amigos y gustos. El efecto se fue multiplicando hasta llegar a los 50 millones de usuarios. La financiación de este proyecto, 800.000 dólares, corrió a cargo de CA.

Con semejante base de datos, Cambridge Analítica segmento e hipersegmentó los públicos en función de los intereses. De esta manera, cada uno de los anuncios de la consultora se enfocaron al interés del público.

La mala suerte quiso que el cliente de CA fuera Donald Trump.

¿Manipulación?

Los social ads o publicidad en redes sociales basan su poder en la creación de públicos personalizados en función de los intereses, de esta manera mostramos un anuncio a un target concreto.

Se pueden crear grupos según intereses con diferentes anuncios para enfocar de manera correcta la campaña, aun teniendo públicos contrapuestos. Así, por ejemplo, a un cazador le hablaremos de armas; mientras que a un animalista de la defensa de la fauna.

¿Manipulación? El marketing se puede definir como el conjunto de actividades destinadas a satisfacer las necesidades y deseos de las personas. Por lo tanto, nuestro deber es satisfacer las necesidades y con la hipersegmentación se consigue.

No nos olvidemos que nosotros hacemos publicidad para vender y gracias a las redes sociales es un poquito más fácil. Es el público y los usuarios los que tienen que tomar un papel activo leer informaciones contrapuestas de diferentes medios y tratar de tener su criterio personal, porque la publicidad sigue siendo publicidad y así está etiquetada.

Lo gratis no existe en una compañía comercial, si no pagamos por el servicio tenemos que tener una cosa: la mercancía somos nosotros.

A mí, personalmente, no me sorprende que “jugada” de Cambridge Analítica. Muchas páginas web instalan una cookie de Facebook para después poder hacer campañas de retargeting.

Echar la culpa a Facebook es la vía rápida. El parche temporal pero aparecerán más casos. La solución para evitar nuevos escándalos pasa por la educación de la ciudadanía en temas digitales como: qué es una cookie, la importancia de leerse la política de privacidad o fijarse allí donde «publicidad», para poner en duda esa publicación y no creérsela al 100% sin corroborarlo.

Un último apunte, por mucho que borremos Facebook, si seguimos usando Instagram y WhatsApp estamos en las mismas.

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