Es triste. Es triste que medios de comunicación como The New York Times venga a «tirar de las orejas» a los medios españoles por someterse a la presión política de los principales partidos.

Leía ayer «La llamada«, la columna de María Ramírez en ‘El Español’. A continuación un fragmento:

Cualquier periodista que haya trabajado en un medio grande en España lo asume como parte de la rutina, como si fuera normal que te llame un portavoz del ministro para indignarse sobre un documento de la Comisión Europea que has publicado y que él ni siquiera ha sabido leer bien en inglés

Una realidad contada y escrita que pocas veces podemos leer de forma tan abierta. Aunque del texto de María Ramírez me hubiera gustado una mirada al pasado, a cuando trabajaban en el diario ‘El Mundo’, y que confirmara si tuvo que borrar o guardar en el cajón alguna información. Estoy seguro que sí.

Volviendo al reportaje que firmaba el corresponsal en España de NYT dice que «la rápida reestructuración de una industria venida a menos más de 11.000 periodistas han perdido su trabajo en siete años ha dado pie a una preocupación creciente sobre si los periódicos mejor posicionados en España han perdido su independencia editorial con los problemas financieros».

Precisamente los problemas económicos de los diarios y la dependencia de la publicidad es uno de los grandes problemas que tienen los grandes medios españoles.

La publicidad institucional es un ingreso que puede salvar el balance final de los dos grandes diarios, por lo que no conviene enfadar a los políticos que te van a dar de comer después a través de la publicidad. Eso le pasó a Pedro J. Ramírez en El Mundo y eso le pasa a El País. Los periodistas denuncian que no se publican informaciones incomodas con el Gobierno.

Y por último podíamos hablar de la manipulación de las televisiones públicas pero eso ya es  una batalla perdida.

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